mercredi 29 mai 2024

 LO SAGRADO Y LO PROFANO


El otro día estuvimos hablando con Andrés Marín y Lulú Campos en su pódcast ConCiencia  acerca de Nadia Bolz-Weber y su Santos accidentales: Encontrando a Dios en las personas equivocadas, un libro publicado hace algunos años por JuanUno1 Ediciones.

Si andas mal del oído, pégate a ese pódcast. Ahí te encontrarás con las irreverencias que hacen falta. Y si andas bien, también. No sea que de tanto bienoír te conviertas en ciudadano, ciudadana o ciudadane de bien.

Andrés y Lulú me llevaron a pensar en la queja del profeta de antaño. Eso está en un apartado (capítulo 22, lo llaman) de un libro que lleva su nombre. Uno cree que el profeta descabellado (¿quién no lo es?) se llamaba Ezequiel, o que llamándose así, escribió todo eso que pronunció con una irreverencia nivel Diógenes despotricando contra el nuevo orden que anunciaba Alejandro, el que se apellidaría Magno.

El capítulo 22 contiene tres denuncias de Ezequiel. Toda ellas con el mismo acento iconoclasta. Todas ellas contra las capas dirigentes de su país. Todas ellas, mayormente la segunda, contra la estructura que esas noblezas cancerígenas habían construido.

La tercera queja va contra la dirigencia religiosa. Al llegar a la encargada de administrar el buen proceder, los símbolos de santidad y demás tuercas, las de «robot con las que se nos quiere ungir el alma, las de la gloria perdida de su dios», el profeta les asesta el hachazo de que son esos mismo santos pestilentes los que inauguran la maldad y la perfuman con eau de cologne de santidad. Conste que ese dios va en mayúscula dado su muy sinaítico origen.

Eso hacen los arquitectos del bien. Pregonan las conductas santas con tal perversidad que lo realmente santo se hace profano, y esto último se profaniza cuando lo erigen como santo. Así, entonces, el culto que celebraba la liberación se convierte en ceremonia que ensalza la banalidad sacerdotal. En tiempos de Ezequiel y hoy en día.

De pronto Nadia Bolz-Weber no es la única pastora que dice ¡mierda! en el púlpito. Ojalá no lo sea. Que haya más. Que abunden los Ezequieles que profanen las pulcritudes gramaticales que las aristocracias criollas, más blancas y nobles que las rancias europeas, impusieron como marca de buena ciudadanía. 

Son los santos quienes desde sus megaiglesias y superconciertos Hillsongnizados y Dantegebelizianos, desde sus discipulados de impolutas improntas calvinistas cincopuntos, desde sus escatologías de genocidio palestino denigran lo sagrado reduciéndolo a objetos de consumo del mercado. Lo sagrado es aquello que rompe con las casas de esclavitud y se abre al desierto de la solidaridad, de la celebración de la más leve llovizna, del pan compartido que parece caído del cielo por cuante surge del surco de la fraternidad, de la sororidad, en busca de un horizonte de disfrute y no de la destrucción de la vida.

Irreverencias que santifican. Como las de Ezequiel. Como las de Nadia Bolz-Weber. Como las de Andrés, Lulú y el pódcast ConCiencia



mercredi 22 mai 2024

 Camille: un eclipse que ilumina

Hasta hace muy poco a Camille Claudel la conocían solamente los críticos de arte, las personas que dedican su vida a la investigación y se lo pasan en museos, bibliotecas y archivos especializados y alguna que otra estudiante en las facultades de artes. Para familiarizarnos con ella tenemos que acudir a una de las luces que se proyectaron sobre ella. Y la ensombreció. La opacó.

Por ejemplo, la luz de esta escultura conocida:



Se trata de El beso, de Augusto Rodin. De la popularidad de Rodin no hay duda. Sus esculturas las ve uno empotradas en las plazas de ciudades importantes y en las salas de las casas de barrios de clase media baja. Rodin es una fuente de luz de gran importancia en el mundo del arte. Luz y todo, pero una sombra sobre Camille Claudel.

Detrás de su obra, en la trastienda de esculturas como la de El beso, se esconde, a su sombra, el trabajo arduo, el talento y la entrega apasionada de Camille. Las esculturas de Camille, dicen los estudiosos, son “una porción de una espiritualidad escondida en lo profundo de la piedra” (Haleigh Burgon, U. Brigham Young, Estados Unidos).

Camille era una joven escultora que aún no conseguía ser tomada en cuenta cuando, a sus 18 años, conoció a Augusto Rodin, quien ya frisaba los 40 y era un escultor de renombre. A los biógrafos de Rodin no les gusta hablar de la relación tórrida y pasional que se estableció entre él y su joven aprendiz. No tanto por algún pudor que los lleve a evitar el morbo, sino porque Camille no era ninguna aprendiz.

Camille no se las tuvo que ver tan solo con el eclipse al que la sometió la sombra de Rodin. Su hermano menor, Paul, se encargó de verter sobre ella la sombra que faltaba para que la singularidad de Camille pasara desapercibida. Paul Claudel fue un poeta de renombre. La Anunciación a María es probablemente su obra más conocida en América Latina. Además de haber sido una figura descollante en la literatura, Paul Claudel fue un diplomático que estuvo a cargo de las negociaciones más complicadas de su país con potencias como Estados Unidos, el Reino Unido, China y otros más de peso en el concierto internacional.

Entre Rodin y su hermano Paul, Camille muy pronto cayó en el olvido. Pasó a habitar el mundo de las sombras. Pero no de las sombras que rompen el mármol a través de su obra, sino las del eclipse de la preponderancia masculina a su alrededor. Los últimos 30 años de su vida los pasó en un asilo para enfermos mentales, en donde murió a la edad de 78 años, en 1943, cuando Francia como país estaba también sumida bajo las sombras de la ocupación nazi. Eran los años sombríos de la II Guerra Mundial. Su familia consideró que ella padecía de una enfermedad mental y se decidió internarla. El eclipse la invisibilizó. ¿Para siempre?

Camille nunca ocultó su devoción por Rodin. En una escultura autobiográfica en la que trabajó varios años, ella lo confiesa sin tapujos. Se trata de La implorante, o La que implora. Es un trabajo que corresponde a la época en la que Rodin dio por terminada su asociación con Camille, decidió seguir unido a su esposa, pero a la vez, optó por una nueva amante.



No es posible sustraerse al desgarro visceral que esta escultura nos comparte en su grito. Con los críticos de arte queda uno preguntándose si acaso no fueron estos destellos de luz los que llevaron a la familia de Camille a considerarla inestable psicológicamente, y condenarla a la noche del asilo.

Camille Claudel permaneció a lo largo del siglo XX reservada para los estudiosos. El gran público la desconoció. Los nombres de Rodin y de Paul Claudel llenaban el imaginario colectivo y despertaban la devoción de su país natal, mientras ella languidecía en un asilo. Hubo que esperar hasta 1982 cuando la escritora Anne Delbeé publicó Una mujer: Camille Claudel, para que el público en general empezara a redescubrir a una escultora cuya genialidad la ponía incluso por encima del gran artista que tanto reverenciaban. Luego vino la película Camille (1988) basada en esa obra que, antes que biografía, es una novela. Camille Claudel, a casi 75 años de su muerte, está ahora siendo revindicada gracias a la lucha incansable de mujeres que, en este caso, desde la academia y el trabajo artístico, no admiten el eclipse de la dominación patriarcal.




La pasión de Camille Claudel. Isabelle Adjani y Gérard Depardieu (avance) 

mercredi 29 juin 2016

Tres veces, trois fois, three times Gala

"...desnuda soledad amarrada 
a una sombra
a una herida adorada
a una luna indomable.." 
(Pablo Neruda)
Gala:

Entonces eras la brisa. La que empezaba a revolotear tu falda a las 4:00 pm. Si pudiera escribir como Paul, diría que a tu paso el pétalo de de la rosa de siempre se estremecía pues, ya lo dije, eras la brisa.Convertiste la sordidez de una terminal de buses en una tibia tarde parisina, con el sol que se desliza oblicuamente y la atmósfera embriagada por el aroma de la cadmia (¡pero en París no hay cadmias! Tampoco estaba en París la terminal de buses a la que llegaste con tu vestido estival, diminuto, y tu cabeza inclinada hacia el lado derecho, como solías, para que tu cabellera se desparramara con la algarabía jubilosa del sol del atardecer).
Paul Éluard y Gala, 1927
El asunto fue que la brisa sopló. El pétalo estremecido lo llevaba yo por dentro. Así lo puede atestiguar Paul, en cuyo ropaje me metí por los siguientes 17 años...


 











Oui. Tu m'attendaient. Là-bas. Je dis "oui" parce que tu n'attendre pas personne. Tu es Gala. L'amour coule vers Gala. Pas l'inverse. Mais, là t'y étaient. En attendant pour moi! Encore une fois, tes cheveux ... une cascade qui dévale tes épaules, tout le long de ton dos. Toi, Gala, une silhouette qui me disaient que moi, Max, j'étais aussi beau que ton Paul. Ton silhouette, le même qui m'a brûlé pendant huit ans. Et ce fut tout: juste une silhouette. La silhouette de Gala. Est-ce que ça vaut la peine?
Max Ernst et Gala



















And now I'm Salvador. You, the same Gala. "Loved by all," as one my friends (do you expect me to have any?) brags when he explains the meaning of his name. Like Max before, I also have only your back in front of my eyes. My hope is that Leonard's words soothe my pain:

"Did I ever leave you?
Was I ever able?
Or are we still leaning
across the old table?"

Salvador Dalí and Gala





mardi 27 octobre 2015

Disculpe el señor: Son los pobres





"Mujer"

Así. En caso vocativo, si bien el caso gramatical no es claro en español, así, llamándola, Jesús de Nazaret se dirigió a quien hasta entonces no había sido más que mercancía.

Ella entró. Sin permiso como suelen hacerlo lo que son tratados como objetos. Interrumpió el protocolo de una cena de varones.Sin delaciones, sin temores, sin pudores, así como los del establecimiento y la gente bien encuentran chocante, no hizo más que derramar su perfume, su óleo, sus ahorros, sus recursos...

su alma...

la oscuridad de sus torbellinos...

sus anhelos de redención...

su dignidad de persona largamente estropeada.

Derramó una larga historia, la narró con lágrimas, ungió a Jesús (el texto sagrado eufemísticamente dice que la humedad cubrió los pies del Maestro).

"Mujer"

Y eso no se perdona. Es intolerable que aquello que el buen orden barre debajo de la alfombra se asuma como sujeto, como persona. Como ciudadana, diríamos en estos tiempos.

Ay! Mujer,hablas por nosotros, los pobres que

"No piden limosnas, no...
ni venden alfombras de lana,
tampoco elefantes de ébano.
Son pobres que no tienen nada de nada"

Y Bogotá nos odió. Su anglófono Parque de la 93 unió sus fuerzas y podría desplazarnos pues poblamos su Carrera Séptima ahora que la volvieron un paseo peatonal, y nos encaramamos a su Transmilenio. Bogotá no perdonó que una administración pública nos hubiera dicho que sus parques también eran para nosotros.

Nos hicimos visibles, como lo advierte Joan Manuel Serrat

mercredi 26 août 2015

Éxodo




A los del éxodo fundante (o fundacional, dependiendo de tu apego al idioma dominante), les tocó cruzarlo tan sólo una vez. Sus persecutores perecieron sepultados en las aguas de un mar que sin ser rojo, así quedó para la posteridad: bermejo, cual presupuesto familiar colombiano.

Los del éxodo de estos días en la frontera con Venezuela la han tenido que cruzar a la brava. No mares, sino ríos, pero al igual que el egipcio, cuerpos de agua que no permiten el regreso. Los populismos del lado de allá de la frontera expulsan a colombianos a sus tierras de origen igualmente inhóspitas, infectadas por populismos de lado de acá provenientes de un caudillo que no se resigna a su condición de expresidente.

Y el éxodo de ayer (esto es, agosto 25 de 2015) también me marcó. No era una coalición de clanes que dejaba atrás el servilismo a un imperio y se enfrentaba a mares rojos, desiertos, sinaís, becerros de oro, manás, rocas que escondían tacañamente sus aguas y montes que humeaban al son de leyes esculpidas en tablas de piedra. Tampoco fue el de ayer el éxodo que hiere por estos días el tumultuoso romance colombo-venezolano. 

El de ayer empujó a un grupo de estudiantes, testarudos como suelen ser, a divagar cual Israel en el desierto, cual inmigrantes echados a las patadas de un suelo que ya les era familiar y al cual llamaban hogar, por la vastedad de corredores, patios, salones y auditorios prohibidos en una universidad privada en Bogotá.

Ellos ya habían hecho la tarea de recurrir a las autoridades del caso para, con muchas semanas de anticipación, asegurar un auditorio desde el que pudieran diseminar sus persuasiones. Parecían Moiseses redivivos negociando con faraones ídem, y al igual que entonces también obtuvieron un sí inicial con las refrendaciones del caso. Pero las conciencias son deleznables.  Lo fue la del faraón, lo fue la del directivo que a última hora declaró nulo el permiso concedido.

¡Ah, los estudiantes!

"...son aves que no se asustan
de animal ni policía,
y no le asustan las balas
ni el ladrar de la jauría..."

O el Coordinador del Departamento DeNoSeQué de la universidad de marras no ha escuchado a Violeta Parra ni a Mercedes Sosa (me temo que los estudiantes del éxodo tampoco), o no sabe lo que es ser estudiante. Pues esos mismos "pajarillos libertarios" se las ingeniaron para colarse y, uno a uno, entrar de contrabando y tomarse, primero un aula, luego otra, y otra,  y así, en un peregrinaje que los arrojó a la tierra prometida de un pequeño auditorio, acogedor, escondido en lo alto de un aposento por allá, al amparo del ojo acucioso de la combinación vigilante-cámara-YaMentadoCoordinador.

¿Todo esto por qué? Son muchachos entreverados en otro peregrinaje, ese sí, de envergadura: la travesía de la vida siguiéndole el rastro a Jesucristo. Sólo querían que la universidad lo supiera.








vendredi 31 juillet 2015

Miente. Quizás des con la verdad

¿La falsedad es necesariamente mentira? ¿La verdad, una no mentira?

Falsedad. 
Verdad. 
Mentira. 

¿Miembros de una misma pandilla? Después de todo, ellas, sea que se nos vengan en gavilla o de una en una, por separado, pueden y consiguen tener sentido.

Puede ser falso que Pedro esté enfermo. Sin embargo, "lo llamo, Sr. Bermúdez, para informarle que Pedro está enfermo," es una declaración perfectamente válida. Una proposición plausible, diríamos si fuésemos a posar de lógicos. Una proposición que, sin ser cierta, tampoco es falsa.

Y es falsa. A la vez.

¿No es cierto que mentir tiene sentido?

¿Dónde estriba, entonces, la diferencia entre lo falso y lo mentiroso?

¿En la intencionalidad? ¿Las intenciones tienen alguna influencia en el negocio de las mentiras? Es posible. Pero, ¿qué diríamos si lo que busca Pedro no es engañar a su patrón Bermúdez sino estarse un rato más en la cama con su mujer? Su intención es erótica. Lo de la zancadilla laboral es un medio, uno más. Ya se las arreglará después cuando el Sr. Bermúdez le exija alguna prueba médica. Su postura (la de Pedro) es, al menos, lógica. Es falsa, eso sí, pero si de mentira se trata, no le digas eso a la mujer de Pedro, pues en ese ámbito íntimo, la falsedad de la enfermedad de Pedro se desnuda en su abrumadora verdad: que ni Pedro ni ella (la mujer) se llaman a engaños.

La lógica solamente repara en si la proposición es falsa o verdadera. ¡Al traste con las intenciones! Una proposición puede ser falsa sin que su propósito sea la trampa. ¿Qué me dirás si te digo que en el caso de que una proposición, además de falsa, busque la finalidad de engañar, pone a la falsedad en el mismo terreno de la verdad? Digo esto porque, así como la trampa escapa a la lógica y entra en el ámbito de las intenciones, de igual manera la verdad se asume como tal cuando da a conocer su intencionalidad.

Que igualmente puede ser falaz.

Pedro va a empeorar si en lugar de andarse con falsedades liberadoras se va a trabajar.

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"Él es es el padre de toda mentira y ha sido un mentiroso desde el principio," dijo en cierta ocasión Jesucristo hablando de Satanás, nombre tenebroso que no debería serlo. En tanto sustantivo puede, y debería, ser traducido como "acusador" o "adversario." Para serlo, no hace falta ser infernal. Basta con que te ajustes a los hechos, si es que vas a acusar, o te armes de valor, si es que venís aquí con ínfulas de adversario. Cualquiera de esas dos funciones recibe del averno sólo un ingrediente: la confusión diabólica que fácilmente te puede poner en el terreno de la mentira si te andas con verdades.

Para que el diablo me acuse no necesita armar un dossier engañoso. Le es suficiente con que se acerque al Juez Supremo y le diga toda la verdad acerca de mí. Si me asusta como adversario no es porque huela a azufre ni me recuerde el ahora risible escudo del América de Cali. Del diablo me aterra su amenaza de ponerme su espejo al frente para que yo vea mi reflejo fiel.

La proposición de Satanás es verdadera porque falsea la realidad. Es falsa porque da un relato fidedigno de lo que sucede, y esta es la historia real que falsea el más grande de los relatos: tú trabajas con ahínco y tu pobreza avanza; tú defiendes tu tierra y te rotulan de terrorista; tú confiesas y te cierran la puerta; y si se te da por amar... mejor no entremos en esos lodazales.

Dos proposiciones falsas, nos recuerda la lógica, pueden llevar a una conclusión verdadera. Miente. Quizás des con la verdad.

samedi 9 mai 2015

Confesión. Silencios. Endurecimientos




Confesión inconfesable:

Sí, señoras y señores, yo también escucho canciones sosas, las que hacen suspirar a las quinceañeras, las de los enamorados, con sus cantidades insoportables de sucarosa, superficialidades y alabanzas a los pétalos de rosa con los que se reviste el amor ingenuo,

Henos aquí. Bogotá y yo. Bañados en sol. La Oreja de Van Gogh invade mi cabeza con una de sus tantas melcochas, la que habla de un día sombrío preñado de luz.

Cuando a Bogotá se le da por abrir su ventana, el sol se deja venir con su escándalo de luz y toma control de pasillos interiores, dormitorios en penumbra, habitáculos secretos, subsuelos aciagos. Las sábanas se sacuden liberándose de sus secretos más compremetedores; las cobijas ya no pueden garantizar discreciones propias de estos altiplanos pacatos y poco sinceros.

No, el día no es sombrío.

Y, sin embargo...
...si no escucho tu voz, cómo desterraré mis tinieblas?

"...si escuchais hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones..." (Hebreos 3:15) 

Y si no escucho tu voz fue porque endureciste el tuyo. La última vez que la escuché sonó distante.
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mercredi 1 avril 2015

Villavicencio o la paz del olvido

La misma vieja calle. Ahí también "el eco dijo tuya es mi vida, tuyo es mi querer," pero yo no lo recuerdo. Debe ser porque ahora hay menos árboles. 

Bajo un poco más antes que el calor se vuelva abrasador. Al frente de la casa ya no está el lote vacío que vio mis primeros y vanos intentos en vicios que hoy son virtudes. Una cuadra hacia el oriente y ahí está el colegio. El vecindario que fue residencial ahora alberga negocios de chatarra. La plaza de mercado es un muladar, quizá a la espera de algún urbanizador que lo convierta en otra clase de muladar. La panadería de don Juan Pinzón le dio paso a otro tipo de negocio. La casa de Mercedes es ahora un banco o un casino. Al frente estuvo el First National Bank.



Mercedes. "Those were generous times. A great generosity prevailed in those doomed decades," digo ahora con Leonard Cohen al recordarla mientras él rememora a Janis Joplin en el Chelsea Hotel.

Era inevitable caminar hasta la Plazoleta de Los Centauros. Ya se siente el calor. Céspedes, Vivas, Garcés, los Parrado, yo, Rodríguez, Herreño, íbamos a lucir nuestras melenas creyendo que el viento las mecía tal como lo hacía con las de los galanes franceses en las películas que veíamos en el Cine Maiporé (aún activo) y en el Yanuba (ahora difunto). Con razón ninguna chica se nos arrimaba (a Fidel Parrado sí; a él le iba bien en ese frente). Caribbean Rock es ahora un banco. Yip Yop La Llave, una taberna. Antros que fueron los culpables de que yo me creyera buen bailarín. La vida, en un gesto compasivo, hubo de llevarme a Cali años después para que yo entendiera que no hacía más que el ridículo.

El lote en el que una noche me sorprendió el largamente deseado abrazo de Margarita es ahora el cuartel de la policía. Margarita apareció de la nada en tiempos en los que la distancia entre su pueblo y el mío se medía en años luz. 

(Plazoleta de Los Centauros)

El camino recorrido suele extenderse en la memoria a lo largo de kilómetros que no cabrían en ningún mapa, pues el mundo era "ancho y ajeno." Sigue siéndolo, pero ya es estrecho. El presente comprime la realidad, embute el tiempo y el espacio en la congestión del tráfago de este segundo, este minuto, cual si no hubiera futuro. Se le olvida al presente que en su genocidio de lo pretérito no hace más que aplastar su vocación de porvenir.

Y en futuro se ha de convertir, pues el pasado es displiscente. Más huidizo que el presente, aunque tú no lo creas. Se abraza al olvido y trae la paz. Por eso puedo pasearte, Villavicencio. Te olvidé. Me olvidaste. Hay paz.

Pero eres el único remanso de paz. "Salvo mi corazón, todo está bien."

(Eduardo Carranza, "Soneto con una salvedad")


jeudi 19 février 2015

De la doctrina de la encarnación y sus consecuencias

Xavier vive de sueño en sueño. Su cotidianidad se teje de impulsos que lo empujan hoy a arrojar su mochila escolar por la ventana abierta al interior de un apartamento desconocido, mañana a colarse en un tren que lo lleva a una montaña de esquí sin preocuparle que no está preparado para tal aventura, más a tarde a extender su baile con una mujer desconocida hasta el punto de colarse en su habitación sólo para seguir durmiendo, posteriormente a enrolarse en un grupo subversivo de resistencia, todo eso para terminar abandonando abruptamente a la mujer que lo ama pues quiere eternizarse en una muerte gloriosa en el frente mismo de batalla. (De un relato de Milan Kundera en La vie est ailleurs)

Tal ha sido la vida de mi hermano: fluidez del sueño en su vida, fluidez de sus espacios físicos. Como si anduviese en una búsqueda. Como si su existencia no fuese más que errar por el desierto tras una tierra que quizás él sabe que existe, pero que con toda seguridad no le ha sido prometida. O le ha sido prometida pero él no sabe dónde está. Cada paso que da pretende cruzar un nuevo Jordán. Sólo al llegar al otro lado se da cuenta que no se trataba más que de una nueva decepción.

¡Te he hablado tanto de mi hermano! Yo me digo que es mi preocupación por él la que me lleva a ocupar mi tiempo contigo con su tema. A ti no te puedo mentir. Lo hago a diario, pero al final cada uno de mis intentos por encubrirte mis entrañas y evitar tu mirada en lo hondo de mis vísceras, desembocan en nuevas revelaciones de mis poquedades, naderías y demás parapetos sobre los que encaramo mi orgullo.

Hablarte de mi hermano es hablarte de mí.

Él también te busca. Él llega a  ti por senderos diferentes a los que transito. Para él, tú eres severo, rígido, implacablemente justiciero. A mí también me asaltan esas imágenes. Por eso me escondo tras la afirmación que te hiciste uno de nosotros. Si eres uno de nosotros, ¿eres así de impotente? 




Y si eres uno de nosotros, ¿eres acaso mi hermano? ¿Es su rostro transido por sus mil y una batallas interiores el tuyo? ¿Acaso la fealdad que la placidez de la risperidona dibuja en su frente es la belleza de la que testimonian tus aduladores? ¿Es su impotencia y la mía el cascarón de tu omnipotencia?

¿Estamos dispuestos a vérnoslas con las consecuencias de creer que eres más humano que las deudas?


mardi 27 janvier 2015

Hambre

El hambre regresó. Ya antes me había asediado, y para entonces mis preocupaciones centrales eran: (a) una chica que no me prestaba atención, (b) una chica que me prestaba demasiada atención, (c) entender a Julia Kristeva, (d) luchar con las ideas de Tzvetan Todorov, (e) extasiarme con Roland Barthes, (f) discutir a Manuel Puig, (g) actualizar mis credenciales en la socialbacanería lo que me exigía mantenerme al día con lo más reciente de Pablo Milanés, Silvio Rodríguez, Georges Moustaki, (h) una chica que no me prestaba atención...

Y así.

El hambre se las ingenia para hacerse sentir. No hay agenda lo suficientemente noble, seria, atiborrada, que no se rinda ante su acoso. En mis fragilidades de estudiante de pregrado me mostró la vulnerabilidad del material del cual estoy hecho.

Que no es muy noble. El buen viejo libro dice que no somos más que polvo. No solamente se trata del polvo primigenio que nos hace hermanos con las estrellas, sino que también es el polvo aquél, el esparcido por una pareja en un algún momento febril, en lo secreto de los muchos silencios que constituyen el ámbito que las parejas suelen crear sin el cual ya no pueden vivir y por el cual dejan la piel en el alambrado al defenderlo.

El hambre, pues, regresó. Esta vez se coló en el ejército invasor que organizó un zancudo portador del ya afamado virus del chikunguya. Luego de que las fuerzas del Gral. Zancudo cumplieran con su función de agotar mis reservas hídricas, triturar mis coyunturas, meterle candela a mi organismo para que el termómetro anduviera por alturas andinas y me cocinara a fuego lento en una fiebre hasta entonces no experimentada, quedé exhausto en cama sin poderme mover. Era la oportunidad para que el hambre se sentara en el borde a mirarme y velar mi lento deterioro. Durante ocho dias no pude pararme a comer.

El hambre, tan cercana. ¿Se fijaron en la disrupción gramatical? Si el hambre es un sustantivo masculino el adjetivo debería estar en masculino. Sin embargo, así no hablamos. Cuando sentimos el hambre la sentimos en femenino. Al hambre la sufrimos. ¿Cuestión de diversidad de género? ¿Manifestación de sus alcances universales? ¿O será que el hambre reclama ser natural, originada en algún mandato divino que supera las convenciones de género que nos inventamos para aglutinar una porción de la humanidad allá, y la otra más acá?

¿No será también que el hambre nos hermana? Yo he visto sus víctimas, aquellas que reptan por lo eslabones más bajos de la cadena alimenticia, poner la mesa, abrir la despensa, la una tan magra como la otra, y recibir con un abrazo a quien sufre tanta hambre como él, como ella.

Me niego a reconocerle carta de ciudadanía. Rechazo su pretensión de ser un fenómeno natural, un dictum de la voluntad divina. Escribo esto un 27 de enero, una fecha que conmemora dos eventos y espacios marcados por el hambre: (a) la liberación de Auschwitz y (b) el final del sitio a Leningrado. Se calcula que de las 2.5 millones de víctimas, un millón de ellas muerieron de hambre mientras resistían el sitio impuesto por los nazis.

A propósito de los nazis. El hambre también sienta sus reales allá arriba, en lo más alto de la cadena alimenticia. Mientras los de abajo comparten sus recursos escasos, los de arriba se lanzan con furia a sus respectivas yugulares y forcejean por los abundantes graneros del mundo entero.

Para un informe actulizado de las corporaciones que controlan la industria alimenticia, ver http://247wallst.com/special-report/2014/08/15/companies-that-control-the-worlds-food/


Y echan a rodar el hambre cadena abajo.

El hambre me visitó. Mi hermano la avergonzó. Supongo que ella me tiene en alta estima y que se imagina que yo deambulo por los pasillos de los eslabones más refinados en lo más encumbrado de la ya mentada cadena. Se equivocó. El mío es un mundo de solidaridad. En el mío, el hambre se muere de hambre.

dimanche 18 janvier 2015

El infierno (Pensando en fundamentalismos y masacres)


"En el segundo capítulo de ¿Por quién doblan las campanas? Hemingway relata el día en que los republicanos (con quienes él simpatiza, en tanto hombre y en tanto autor) conquistan un pequeño poblado que estaba en manos de los fascistas. Los liberadores condenan sin proceso alguno a una veintena de personas y les dan caza en el sitio en el que ya habían agrupado a hombres armados con mayales, tridentes, guadañas para que ejecutasen a los culpables. ¿Culpables? A la mayoría no se les podía reprochar su pertenencia pasiva al partido fascista. Aunque los verdugos, aldeanos simples que los conocían bien y no los detestaban, eran reticentes y de naturaleza tímida, no fue más que bajo el efecto del alcohol y, después, al calor de la sangre, que se excitaron hasta el punto que la escena (¡su descripción detallada ocupa casi la décima parte de toda la novela!) termina con el desencadenamiento de una atrocidad de tal crueldad que todo degenera en un infierno.



Invariablemente, los conceptos estéticos se transforman en interrogantes. Yo me pregunto: la Historia, es trágica? Planteémoslo de manera diferente: la noción de tragedia, tiene acaso algún sentido por fuera del destino personal? Cuando la Historia pone a las masas, los ejércitos, los sufrimientos y las venganzas en movimiento, no se pueden distinguir las voluntades individuales; la tragedia es engullida completamente por las rebosantes alcantarillas que serpentean por el inframundo. En rigor, uno podría buscar la tragedia bajo los escombros de los horrores, en la primera impulsión de aquellos que tuvieron el coraje de arriesgar sus vidas por la verdad.

Pero hay horrores de los cuales ninguna búsqueda arqueológica encontrará el menor vestigio de tragedia: las matanzas por dinero; peor, por una ilusión; peor aún, por una estupidez. El infierno (el infierno en la tierra) no es tragedia. El infierno es el horror sin ningún asomo de tragedia." 
(Milan Kundera, Le rideau, Paris: Gallimard, 2005)


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samedi 10 janvier 2015

My brother, my killer

Tanto el emisor como el destinatario de la carta que reproduzco son mis amigos. Se trata de una carta enviada hace ya un tiempo y que uno de ellos me la comparte. Por hacer referencia a una de las canciones de mi nunca bien admirado Leonard Cohen (Famous Blue Raincoat) y por tratarse de una historia que conozco con sus mensajes aleccionadores y sus devastaciones de hondo calado, obtuve el permiso del caso para publicarla. No es usual que los hombres involucrados en una historia de este calibre se hablen entre ellos. La carta es, por lo tanto, inusual. No tuve que hacerle cambio alguno pues no se hablan con sus nombres, que en caso de haberse presentado, los hubiera omitido.

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My brother, my killer:

Our beloved troubadour says so in one of his songs: "my brother, my killer." It's a song that it's actually a letter. It's addressed to someone who wears a famous and now frayed blue raincoat, someone who "treated my wife nicely."

I listened to the song but I didn't understand it. I googled the lyrics and followed them along. My English is just passable. Survival English, I would say. I am writing in my native French and asking Google to translate it for me. I want to be at the level of your impeccable English although both of us, as francophones are already on the same level.

Or were. Way before my wife blurted out her confession I already had this hunch that warned me that something had broken between us (toi et moi). It didn't come as a surprise to hear from her that it was you the man she was involved with. In spite of her popularity, good looks and that head of hers on her shoulders I still think that there is no man fit for her. If she ever were to get astray it would be for someone like you.

That leads me to my anger. Since you heard that I still am angry I decided to write to you. We have not spoken to each other since the night you called me and we spent two hours on the phone. After all these years it is time for me to do something I never do because I think it is useless and not that manly: putting my feelings in writing.

My anger has to do with the only virtue that I see in you. I did not feel threatened by you nor I considered you a rival. There is a reason why my wife saw the need to humble herself and ask me to let her back in. I am aware that I am fitter, more handsome, taller, funnier than you. I am what you are not: a good dancer, a superb cook, a pragmatic and down to earth guy, highly popular and sociable, outgoing, and as an engineer I am more inclined to find solutions than to raise questions.

But I am at odds with words. It angers me that you left in her, on her, inside of her, all around her, the indelible marks of your words. It is as if you stripped her off her old and worn out garments and delicately knitted for her a dress made of words, the ones that put her on another orbit, the dress that follows lines, curves along her body and her inner self that remain hidden to my superficial gaze.

After you, she is not the same. She is more of herself. I am not myself either. See? Now I can grasp nuances that I did not even care about before. Marriage counselors say that an affair is a good thing for a marriage, but in our case your affair with my wife has drifted us farther apart.

Perhaps I should rephrase that. My wife and I were already apart from each other. We have never been close. I was happy with that state of the art. Life was a breeze because our arrangement made it easier for us to mind our own separate businesses. As a pragmatic fellow I do not care about the niceties of love life. She did not seem to mind that either. The problem that our post-affair life brought about is that the gulf between us is the elephant in the room, now visible.

I hate your gift. My wife has not cast away the dress you designed for her. I cannot help but noticing her wearing it whenever I sent a wayside glance her way. I hate it that because of you the gap that rendered my life livable in the past stands today as a challenge I do not want to face.

Going back to the famous blue raincoat song, I can say that I also hear that you are building your house in the desert and that you are living for nothing. Let me tell you that hearing that gives me a sense of revenge. Yet, do not misunderstand me. Mine is also a house in the desert. I guess my wife's is located in a similar environment. It does not help me at all that with her confession my wife put the remote control in my hand. I can now sit comfortably on my leather couch and have her do whatever I want. My forgiveness is a debt she feels obligated to pay in daily installments although I have not sketched our daily lives out that way. She has become the loveliest woman a thousand miles around, which means that life is dull. Our respective houses are being built in separate deserts. We too are living for nothing.

But I needed to tell you, my brother, my killer, that I hate you

Sincerely,

Your brother and would-be killer

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dimanche 21 décembre 2014

Solsticio: Para que el Verbo se haga carne




Y el verbo se hizo hombre, persona, realidad histórica, carne.

Dejó su forma infinitiva y se arriesgó a la enunciación de lo indicativo, a la insinuación de lo subjuntivo. Le quitó al imperativo su ceño fruncido y su dedo índice condenatorio para volverlo invitación seductora. Se mezcló con otros para desencadenar posibilidades, complejizar tiempos prosaicamente simples, imaginar futuros, poetizar presentes, transformar pretéritos, reírse de pluscuamperfectos.

El verbo se sacudió de sus terminaciones de eternidad exasperante:
-ar
-er
-ir.

Se confabuló conmigo, contigo, con ella, con él, con nosotros, con nosotras, con ustedes, hasta con vosotros y vosotras no obstante vuestro fuero aristocrático, y alcanzó a ellos y a ellas, los más distantes, los del borde mismo del margen, allá donde los condenamos, a ellos y a ellas: los diferentes, los disidentes, los desviados.

El verbo se hizo carne. Dejó su forma sustantivada pues no resistió el encanto del relato, los sobresaltos de la narración, la fluidez del poema, la cadencia del canto.

Lo imagino en su primer balbuceo. Tuvo que haber sido un llanto. Harto ya del silencio de lo eterno inmóvil, su puerta de entrada como palabra consonante y vocalizante fue la del grito vagabundo del juglar vallenato.

Y el verbo fue palabra. La piedrecita que un gigante del sur quiso poner en su poema; la que inventa amaneceras cuando llega cargada de la ternura que desarma; la que derriba murallas que quisieran que la palabra no lo fuera, que volviera a su castillo impenetrable de verbo infinitivo, de la eternidad que vuelve sus espaldas a las arenas movedizas de la angustia humana.

El verbo le apostó a sufrir. Encontró el lugar en que la palabra se hace hombre: la vida que arriesga para celebrar las mil y una navidades que se esconden en tu risa.

jeudi 11 décembre 2014

Oblivion: Olvido en esteroides

"El destino del ser humano entre dos polos opuestos: el olvido, que borra, y la memoria, que transforma" - Milan Kundera

"Y de vuestras transgresiones no me acordaré más" - El buen viejo libro

"¡Ay de ti si Dios te llegara a olvidar!" - Miguel de Unamuno

"Para olvidar hay que empezar a recordar" - Sobreviviente anónimo de la violencia paraestatal en Apartadó, Antioquia.

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Oblivion:

El olvido que no olvida. El olvido al que no le interesa si se conserva alguna memoria de ti.

La mirada que te reconoce, pero que vuelve hacia ti su fría pátina para que sepas que no perturbas el lago tranguilo de los ojos que te miran.

Tu visa de residente en el planeta de la Nada. La néant te absorbe. Ningún trazo queda de ti.

El rostro del hombre que mira una fotografía en un álbum. La observa... y simplemente voltea la página, nos cuenta el poeta del sur.

Su mano extendida cual si estuviese cerrando un negocio que aborta tu abrazo. Un apretón de manos con insoportable tufo profesional.

Querer cruzar el río que no cesa en ensancharse, sin que en la otra orilla sepan del puente que quisieras tender.

L'oubli fondamental et fondateur... L'inoubliable choc de l'oubli

¿Y si tal es la puerta a tu libertad?

mercredi 3 décembre 2014

El relato en la cortina

(Leyendo al buen viejo libro, que lee a San Pablo, que lee a Moisés, que fue leído por quienes siglos más tarde consignaron su tradición en un antiguo texto sacro; y a Milan Kundera, que lee a Kakfa y a Cervantes)


El asunto de fondo es que vivimos y andamos por fe y en fe. Así lo afirma el buen viejo libro y por esa misma vía andan la ciencia y el debate teórico actual.
Por fe.
En fe.
En esperanza. Esperando lo que quizá nunca llegue, persiguiendo lo que no se alcanza, conquistando lo que se evapora

La realidad concreta o bien podría ser  una sombra o a ella la recubre una cortina, una interpretación que no necesitó de nosotros para tenderse ni para erigirse como la verdad.

¿La realidad es sombra de qué? ¿Cuál es el universo o conjunto de universos que se ocultan tras la cortina? La realidad-cortina es una construcción social, un acuerdo al que llegan los grandes colectivos para echar a rodar sus sueños. o al menos poderlos construir.

Más que ocultar, la cortina ofrece una pantalla sobre la cual se escribe el relato que se presenta como la verdad estipulada por Dios.

Milan Kundera sugiere que la cortina proyecta conceptos que burocratizan la existencia y la estrangulan allí donde sus misterios escandalizan.

Así, entonces,
  • la libertad se presenta como ilimitada, pero impotente;
  • la vida privada transcurrse sin exigir que sea privada y acepta sumisa la vigilancia o se entrega con generosidad en autofotos, emoticones, emojis y estados en muros públicos;
  • el tiempo se prolonga en el calendario del poder omnímodo mientras la vida se agota;
  • la aventura no es más que un error burocrático y ya no la exploración del ser y del mundo;
  • el combate diario y sus esperanzas se diluyen en pedagogías de la desesperanza...

"Nous combattons en passant des heures et des heures de bureaux, de salles d'attente, des archives. A la fin de combat, qu'est-ce que nous attends? Une victoire? Quelquefois Mais une victoire, qu'est-ce que c'est"? (Nuestro combate consiste en pasar horas y horas en la oficina, en salas de espera, en archivos. Al final de la jornada, qué es lo que esperamos? ¿Una victoria? Puede ser. Y si una victoria, qué es eso?)

Tomado de Morphine

lundi 24 novembre 2014

Intermediaciones



“Every
heart to love will come, but as a refugee”

La última vez que lo vi, lloró. Solo su esposa lo conocía mejor que yo. Ella decía que nunca lloraba, excepto cuando su equipo ganó un título importante. Fue una alegría que vivió en vivo y en directo
solamente una vez.

El llanto por su equipo no cuenta porque él ni siquiera estaba en el estadio. Siguió la transmisión por radio. Ahí, en la intimidad de su alcoba, sin que su esposa lo viera, lloró. La última vez que lo vi, como les cuento, leyó una carta de despedida y en ella una frase que me dio trabajo encontrar en su contexto. La leyó en su impecable inglés que no ocultaba su acento extranjero. No entendí en ese momento lo que quiso decir.Años después supe que esa noche se estaba arrancando el alma.

Lo volví a ver hace poco. La proverbial reunión de viejos amigos. El espacio para mentirnos diciéndonos que “aquí estamos, con la espada en nuestra mano todavía, con algunos años más y alguna herida.” Lo vi justo cuando entre él y lo que más le importa en la vida mediaba una mano extendida. Él no la aceptó. Lo vi quebrar la intermediación fría, cortés, amablemente inhumana del apretón de manos e imprudentemente abrazar a quien él quiere ofrecérsele como “la hamaca en la cual reposar su peso” (él lee a Gioconda Belli, me confesó el otro día. Su refinamiento no lo exonera del kitsch).






“Every heart to love will come, but as a refugee,” lo había oído decir tiempo atrás, la noche de las lágrimas impúdicas, las que nadie entendió, ni yo que fui tan cercano a él; sobre las que nadie le preguntó, ni yo en cuya sabiduría me refugié tantas veces.

Quizá por eso lo vi abrazar. Los refugiados saben de intermediaciones: las más cordiales suelen ser las más crueles. Supongo que por eso la intermediación mayor, la que realmente importa al menos a mí, y confío en que a él también, tiene poco de formalidad cortés y mucho de estropicio humano. Jesucristo hombre, trátese del Dios humanado o del Jesús histórico que desvela a teólogos y demás sabios, se pone en la mitad: entre un Dios cuya grandeza a veces lo aleja demasiado, y un ser humano cuya angustia casi siempre lo enceguece; dos brazos que se extienden buscando un apretón formal de manos o un simple toque, a lo Miguel Ängel. La intermediación es el abrazo atrevido, no el brazo extendido con la amenaza de un cordial apretón de manos; es el “heart to love.” Poco importa que hieda a refugiado.

Shouldering your loneliness
Like a gun that you will not learn to aim

mardi 18 novembre 2014

Ver el rostro amado

"As for all I can tell, the only difference is that what many see we call a real thing, and what only one sees we call a dream."
(C. S. Lewis, Till We Have Faces)






Cuenta la leyenda que Dios vino a San Agustín en respuesta a sus fervientes oraciones. Agustín estaba empeñado en establecer su nombre entre los grandes pensadores de su tiempo. Quería ser fiel a su vocación de pastor y, a la vez, trascender las fronteras de su parroquia con su trabajo teológico.

"Haré de ti el más importante pensador en la historia de la humanidad -le dijo Dios-. Tu obra será tan vasta y de tal magnitud que toda una civilización, la occidental, se construirá a partir de tus descubrimientos."

San Agustín, conmovido, se postró, rostro en tierra, en una mezcla de adoración y orgullo.

"Hay una condición -le advirtió el Altísimo-. Nunca verás mi rostro."

La leyenda asegura que a Agustín lo envolvió una desazón indescriptible. El precio a pagar era muy alto. El de Dios  era el rostro de quien más amaba. Renunció, entonces, a sus propósitos altivos.

La esperanza de ver el rostro de quien se ama se convierte en razón suficiente para seguir con vida. Sin embargo, es una esperanza que tiene su costo.

Se supone que si miras el rostro amado, tal rostro te estará mirando a su vez.

Rara vez el rostro de quien amas es el rostro de quien te ama. Si bien es posible que seas amado por el portador o la portadora de tal rostro, lo más probable es que de allá hacia ti provengan amores más dudosos, menos concretos, más corteses, más castos, más formales y menos convencidos de los que fluyen de ti hacia allá.

El buen viejo libro asegura que nadie puede ver a Dios y sobrevivir para contar la historia. Ante el fulgor de su mirada la vida tal como la conocemos se derrite en huecos negros de los que Stephen Hawkins  todavía no se ha enterado. Mejor te va si no ves su rostro, por mucho que lo ames.

No ves el rostro de quien amas y la noche se hace más fría. Lo ves y entonces la noche se torna más oscura. El rostro amado es un rostro oculto; no porque huya de ti. Sencillamente, su radar no te registra.


El rostro amado es analfabeta. No quiere leer en el tuyo la historia que le escribiste.